El Déjà Vu de la crisis constante
Columna de opinión del presidente de CRA, Jorge Chemes.
La joven historia del paÃs y su presente tienen un común denominador que las atraviesa: La constancia en las consecutivas caÃdas en crisis y la falta de ideas originales para sortearlas. Desde los años fundacionales hasta ahora, los impuestos fueron el talón de Aquiles de la polÃtica que prefirió ampliar la base tributaria y sus valores a redoblar los esfuerzos de la imaginación para reactivar el paÃs.
En ese escenario, y en este marco de parálisis y derrumbe, aparece como rumor o globo de ensayo, nuevamente, el repetido reflejo de una reforma impositiva. Esa gran pestaña de la economÃa (la tributaria) ya no aguanta más parches, no sólo porque una situación extraordinaria requiere medidas extraordinarias sino porque mucho de los que hoy contribuyen no podrán hacerlo cuando termine la pandemia, incluidos los productores. Es hora de diseñar una nueva ley que aliente el trabajo genuino para todos y que nos ponga a la altura de los tiempos que corren. Terminemos con la facilista costumbre de reformar lo que ya no sirve Los tiempos por venir piden un poco más de los decisores y sus técnicos.
La repitencia de la crisis, contiene a su vez y en sà misma, un nuevo problema que es su aceleración constante. Es decir, caemos en crisis cÃclicamente, pero en lapsos más cortos de tiempo. AsÃ, los que recordamos el "Rodrigazo" convivimos hoy con jóvenes que ya acumulan en sus espaldas los derroteros de varias devaluaciones, la frustración de sus proyectos por no acceder a créditos y la lucha constante entre la apuesta al dólar, la desconfianza en el peso y la hipocresÃa de los que piden ahorrar en el paÃs, pero depositan sus dineros afuera.
Paralelamente, han subsistido en el tiempo falsos paradigmas que alimentaron nuestro ego: "Argentina está condenada al éxito"; "Somos el granero del mundo"; "Gardel y Maradona son argentinos"; y más reciente "estamos mal pero vamos bien" o, por ejemplo "el mundo mira las medidas tomadas por Argentina" que aboga la insólita teorÃa de un mundo europeo altamente desarrollado que (a pesar de sus propios y enormes logros de reconstrucción de posguerra y otros males), tiene milagrosamente puesta la vista en nosotros que estamos frenados en el tiempo y el desarrollo.
Es imprescindible preguntarnos hoy si esa ingenierÃa egocéntrica que persiste al margen de las ideologÃas de los gobiernos, es la que le impide a la polÃtica copiar lo que funciona bien y diseñar con previsibilidad los lineamientos indispensables para empezar a marchar en una dirección que desemboque en el futuro. Esos lineamientos, los que dan previsibilidad, son la condición sine qua non para el desarrollo de cualquier proyecto o inversión en todo segmento de la economÃa micro o macro, doméstica o agropecuaria.
La pregunta abierta sobre cómo será la economÃa postpandemia pone al campo, como a todos, en zozobra y en la incertidumbre. Sin una respuesta al cómo salimos es difÃcil diseñar un plan a medida. Sobre todo, si a ese problema se suman los que ya tenemos, los que se añaden por el ensayo de la prueba y el error y la negligencia de los que insisten en repetir malas ideas.
Los productores del paÃs han hecho, como muchos argentinos, un esfuerzo enorme para seguir. Tropezamos en ese camino con la inesperada estrategia gubernamental de anuncios semanales que trancan aún más nuestro trabajo. Con una mano trabajamos y con la otra, atajamos. Un dÃa es la obligación de venta para acceder a créditos, otro es la imposibilidad de comprar fitosanitarios, cuando no nos agobia la angustia del vandalismo impune que atenta contra miles y miles de toneladas de comida que tanta falta hace en el paÃs.
Pujamos para alumbrar el mañana, pero no logramos entender cómo se desmorona el petróleo y el combustible argentino cuesta lo mismo y cómo algunos segmentos de la economÃa están ilesos en medio de esta crisis.
Aún asÃ, y con la pesadumbre de la falta de un plan de contingencia, todos los dÃas esperamos con tenacidad que todo lo que aportamos al paÃs nos vuelva en polÃticas que generen más crecimiento para el productor y, consecuentemente, más recursos y alimentos para el paÃs. El campo no es tozudo y tampoco ingenuo. Sencillamente confiamos en que si nosotros, sin nada podemos aportar tanto, los que tienen el poder, con tanto, podrÃan hacer mucho para muchos.